Devocionales
Siete peligros a evitar en el día del triunfo

(Romanos 12:3; 2 Corintios 12:7).

Lograr una victoria siempre será motivo de gozo, celebración, premios, regalos, recompensas, reconocimientos, elogios y felicitaciones, bien sea que el triunfo se alcance en el terreno deportivo, político, económico, artístico, religioso o del amor. Pero las hazañas también entrañan sus peligros, los cuales difícilmente se pueden ver cuando estamos cegados por la neblina de la victoria e inmersos en la ebriedad de los vítores, los halagos y los aplausos.

Aún así,  es importante que sigamos el ejemplo del apóstol Pablo quien nos hace un llamado a conservar la humildad y a pensar de nosotros con cordura. Él mismo se pone como ejemplo al referir que debido a que Dios lo llevó en vida al tercer cielo, le fue necesario recibir una enfermedad en su cuerpo para evitar que su ego se exaltase indebidamente. Veamos ahora siete peligros que debemos evitar en un momento de victoria:

1. No darle las gracias y la gloria a Dios reclamando que nuestro triunfo ha sido exclusivamente por nuestra capacidad. Lo mejor es que le agradezcamos al Señor y lo honremos por cuanto nos ha concedido alcanzar una nueva meta.

2. No darle las gracias a todas aquellas personas que hicieron posible un logro. Lo mejor es que reconozcamos que nadie se hace solo en la vida y que las demás personas merecen el crédito por su aporte en nuestra conquista.

3. Mirar con superioridad o desprecio al oponente y hacerle burla. Lo mejor es demostrar respeto hacia los demás competidores resaltando sus puntos fuertes y animándoles a seguir adelante dando lo mejor de ellos.

4. Creerse todos los halagos de la gente. Lo mejor es conservar la humildad y entender que las palabras infladas son fruto de la emoción, no de la razón.

5. Pensar que toda la vida seremos triunfadores. Lo mejor es poner los pies sobre la tierra y entender que en la vida hay curvas ascendentes y descendentes.

6. Tomarle miedo al fracaso, como si fuera un monstruo. Lo mejor es que aprendamos que los fracasos son necesarios, pues son grandes maestros.

7. Dormirnos sobre los laureles y creer que la sola fama traerá más triunfos. Lo mejor es no descuidarnos y seguir entrenando, estudiando y mejorando.

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“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
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